domingo, 18 de abril de 2010

piscina, trampolin y aliño.

A menudo, suelo pensar en mis relaciones de pareja, incluso en mis relaciones sin más.
Suelo decirme que debería dejar de controlarme tanto. Controlar lo que digo. Lo que hago. Incluso, en ocasiones, lo que pienso. Y más a menudo de lo que debería, lo que ser.
¿Donde está la línea divisoria entre el que finges algo que no eres y el que simplemente cambias algún aspecto de ti? ¿Es realmente posible cambiar? Si lo es, realmente hacerlo es difícil.
Dejarse llevar suena demasiado bien. “Tirarme a la piscina”, me digo, suspiro y rio. Todos esos factores dan miedo. Tirarse de cabeza cuando no sabes cual hondo es tu fondo. Saltar desde un trampolín encharcado y resbaladizo. Salir del agua con el bañador fuera de su sitio.
Quizá, sepa lo divertido y morboso que puede llegar a resultar el miedo al dolor, la excitación que produce lo desconocido y la locura de lanzarte a algo o alguien sin saber muy bien que consecuencias te deparara. Sin límites. Sin barreras. Sin mascaras tras las que esconderte.
Y eso asusta. La mayoría de la gente suele encontrar en ello lo saldo y picante de la vida.
¿Vivo yo en una ensalada sin aliñar? Parece ser que sí.

Ya he metido la pata alguna que otra vez, y, al salir del agua, tras haberme caído desde lo más alto del trampolín, dando vueltas en el aire provocando carcajadas, nada de ello resulto ser tan patético. Fue tan fácil como poner esa cara bonita, la sonrisa tonta, atusando el pelo húmedo mientras las gotas caen por tu cuerpo y el resto, lo se hace solo. Pasas desapercibido ante el dolor. Pasas inadvertido ante la vergüenza. Y acabas por ser invisible para la pasión, el deseo y el amor. Tu coraza se hace más fuerte que tu propio yo. Y debajo de esa mascara es donde se guardan las lagrimas que escondes de los que te vieron caer de lo más alto.

Dejar de controlarse tanto. Eso desataría demasiados sentimientos.
Llorar como un niño. Gritar como un loco. Reír como un histérico. Follar como un salido. Amar como un romántico y desesperado idiota.